Emilio Serrano

EXPOSICIÓN EN GALERÍA RAMÓN DURÁN

Madrid, del 5 de Octubre al 2 de Noviembre de 1973

Comentarios de José Luis García Rua

Emilio Serrano, aquí tenemos a un pintor joven, lleno de fuerza, que ha sabido fundir en una síntesis singular de gran energía expresiva elementos muy diversos, dispares, a veces, si se quiere, tomados individualmente, pero que en él se dan armonizados en una fórmula única para expresar lo que se propone. Dominador extraordinario del dibujo, que hace recordar a los grandes maestros renacentistas, nos descubre en seguida que, en su origen de maestro de Bellas Artes, abandonó, ya inicialmente, la ruta fácil de una gran maestría académica, a su alcance, para abundar en las posibilidades que la enseñanza abre a la heurística de la expresión. Gracias a esta fusión de elementos diversos, Emilio Serrano puede ofrecernos en su pintura esa doble luz que Antonio Machado exigía al verso, “para leído de frente y al sesgo”. Cuadros en profundidad, donde la primera impresión sintética nos sorprende para ser seguida de un análisis que nos descubre constantemente elementos nuevos, y nos devuelve al fin a una nueva visión conjunta enriquecida, donde la forma, el color y la idea aparecen ya perfectamente, más que emparejados, fundidos.

No podemos impedir una cierta impresión de clasicismo en la primera contemplación de sus cuadros, favorecida por un determinado sentido de pulcritud de línea, de insinuación de perspectiva y de minuciosidad. Pero en seguida se echa de ver que los problemas de la perspectiva no le interesan en su solución clásica, y que abandona frecuentemente la insinuación tridimensional para acogerse a expedientes de expresión fundamentalmente monoplanos. Asimismo los factores impresionistas, expresionistas y surrealistas que, individualmente se pueden contabilizar en su pintura, quedan, también individualmente, superados, más bien subsumidos, en una línea maestra sintetizadora de tendencia hiperrealista.

No se trata, pues, en la pintura de Emilio Serrano, de una simple visión de “lo que hay”, en el sentido de lo concreto y lo singular. Hay juntos a figuras únicas y reconocibles, la intención de transcender  constantemente lo singular, o, más bien, de darle sentido cabal por su inmersión en un ámbito de esencialidad general expresado  por una superposición de planos históricos o histórico-vitales. Esta voluntad de generalización, o, mejor, de explicación de lo singular en un marco de generalidad es lo que hace que el pintor cordobés pueda repetir el mismo rostro en la misma actitud no sólo de un cuadro a otro, sino en el mismo cuadro aplicado a una figura distinta.

 

Emilio Serrano pertenece así a la casta de pintores que entrañan  una visión del mundo en su pintura. Está, pues, en la línea de los Boscos, los Zurbarán, Goya o Solana. Porque Emilio Serrano es fundamentalmente un pintor del hombre, pero, -y esta es la nota singular que creo ver en este pintor-, en el concepto del hombre que Emilio Serrano maneja, el hombre es fundamentalmente tiempo, “ser en el tiempo”. Por este giro puede el pintor cordobés trastocar todo el protagonismo de su pintura, de forma que, siendo una pintura del hombre y para el hombre, el eje de protagonismo se desplaza hacia un factor de carácter abstracto: el tiempo. Este es el protagonista fundamental. Bien entendido, este protagonismo no se expresa a través de conceptualizaciones frías, ni de acumulaciones alegóricas dieciochescas, sino siempre y constantemente a través de elementos de valor en sí, donde el tránsito de lo temporal se desvela en planos de naturalidad, a partir de una yuxtaposición de ambientes no forzada.

R.Duran 73-5

Este protagonismo del tiempo lleva al pintor a la adopción de expedientes formales descentralizadores, a una determinada dispersión temática dentro de la unidad del cuadro. Así, con ser Emilio Serrano un pintor muy de su época, su pintura puede evocar, en la factura y en la disposición, la de los cuadros góticos en los que cada parte cumple una función en sí que se añade como sumando a la significación del conjunto: el viejo palacio, el viejo templo o la vieja casona burguesa, que se agrietan y se destruyen, como símbolo de clases que se desmoronan, entran en contraste con una infancia que nace al mundo atónita, desconfiada, escéptica o huraña, y hasta con el carricoche vacío,  albergador, desvencijado del futuro. Cada grieta, cada pliegue, cada cosa, así objetualizados, son, en su individualidad, y mucho más en su conjunto, tiempo, tiempo fósil del objeto aislado, tiempo fluido, tránsito, en la presentación conjunta.

13 Claustro de infancia

Claustro de infancia.  1972   Dibujo sobre papel

24 Asilo del Buen Pastor

Asilo del Buen Pastor.  1973  Óleo sobre papel

16 Asilo del Buen Pastor Carmen

Asilo del Buen Pastor. 1973  Dibujo sobre papel

R. Duran 73-4

Apunte N

Como Heráclito y como casi todos los teorizadores del tiempo, -y Emilio Serrano es aquí un teorizador plástico del tiempo-, nuestro pintor no puede evitar la atmósfera pesimista y amarga que invade su pintura. Aquí la plasmación del tiempo se diluye en dos notas nuevas: lo trágico humano y lo trágico social: la mujer encuadrada en un arco y transida del fondo azul tiene, evidentemente, alguna reminiscencia de la Virgen de Port Lligat, pero lo que en Dalí es juego y virtuosismo triunfalista es aquí dolor, máscara trágica y desmaterialización dramática. La debilidad mental y la miseria humana de la vieja del asilo no nos causaría tanta impresión de tragedia si el artista nos la presentara en actitud seria o neutra, como presentándonosla  en actitud de reir una risa que más que risa es un grito. Esta intencionalidad de desvelar lo trágico de la existencia humana lleva al artista a un cultivo especial en el tratamiento de la mirada de sus personajes. Es en ella donde se concentra la expresión de la angustia, de la indiferencia, la idiocia, la desconfianza de unos seres acosados, oprimidos por estructuras que no comprenden.

Por este camino, de una manera total y real, sin marginaciones ni exclusivizaciones tópicas de escuela, llega Emilio Serrano al campo de lo social. La crítica social y la visión histórica transparece, simultáneamente con la expresión conjunta de lo temporal y lo trágico, en ese desmoronarse de los símbolos de las clases poderosas, en esas niñas prematuramente envejecidas, aprisionadas, más que vestidas, por símbolos religiosos; en esa generación de niños semidesnudos que no son promesa triunfal de nada, o en datos casi imperceptibles, como ese paraguas roto, inepto para cobijar a nadie, símbolo total del desamparo.

Todo así, utilizando el símbolo y el contraste con la mayor discreción formal, pero con una decidida y constante intención de fondo, empleando procedimientos de esculturización y petrificación de la materia, -ansia de permanecer-, dentro de un ambiente de fugacidad de lo real, manejando los expedientes técnicos de la fotografía y hasta de la cinematografía, que se presentan como un vehículo de primer orden en la plasmación de lo temporal, Emilio Serrano nos presenta aquí su testimonio de creación que surge palpitantemente de lo más íntimo de las inquietudes actuales, como una nota singularmente personal dentro del arraigado hacer plástico andaluz, que hoy representan también, por otros caminos, un Cortijo o un Duarte.

José Luis GARCIA RUA

22 Sin título

Sin título.  1973    Dibujo sobre papel

25 Figura

Figura.  1972  Óleo sobre tabla 

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